sábado, 3 de noviembre de 2012

Uroboros


El hombre tribal agradeció la buena caza, pero esto no era suficiente pues su dios estaba muriendo  junto con el espíritu de su gente y en su inhóspito corazón solo estaba presente la agonía, el deseaba elevar su alma hasta el cielo nublado, pero la lluvia no lo dejaba ya que en sus tierras esta nunca cesaba.
Un día aquel desvanecido ser tomo la punta de su lanza, la desato y rompió sus venas, dejando caer sobre su madre la sangre que ella le había prestado, malherido y casi sin vida, se dio cuenta de que su sacrificio había sido en vano, en los ultimo segundos de su vida se percato de que nada volvería a ser como antes y que su muerte no cambiaría nada, entre olor a tierra mojada y tristeza se despidió de su cuerpo para sufrir con la naturaleza, ahora sus lagrimas besan los ríos, anhelan a la luna y le hacen en amor las montañas hasta  el día en que fuera arrancado del vientre, hasta el día en que las estrellas vistieran de luto.

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